Yo nunca me corto cuando entro en una tienda a comprar preservativos. Yo soy de las que pregunta, quizá demasiado alto: “¿En qué pasillo están los lubricantes?”. No es que sea especialmente promiscua ni que me guste incomodar a los que tengo a mi alrededor. (Aunque la verdad es que me divierte en cierta manera ver cómo algunos se sienten tan incómodos). Lo que pasa es que nunca me ha parecido vergonzoso ni grosero ni soez. Yo tengo relaciones sexuales. Seguramente la cajera o el cajero, también. El tipo que está en la cola detrás de mí, también. La viejecita de la esquina que se pone colorada sin duda las ha tenido (y espero que las siga teniendo). Los chavales que están en plena pubertad y se ríen entre dientes están deseando tenerlas. Desde luego que la vida sexual de cada uno es privada, pero no es un secreto que la gente la tenga. Y si eres un adulto responsable, la verdad es que no veo por qué tienes que avergonzarte de ello.

Dicho todo esto, hace poco me pasó una cosa un tanto extraña. Yo iba en el tren, charlando tranquilamente con una amiga, mientras mirábamos pasar volando las calles de la ciudad por la ventanilla. Estaba distraída y cuando el revisor se acercó a pedirnos los billetes me sobresalté. Empecé a buscar torpemente el billete en mi bolso y sin querer se me calló al suelo un preservativo solitario. Le entregué el billete al revisor y recogí el preservativo sin darle ninguna importancia. Pero cuando el revisor se fue, me fijé en la cara de mi amiga. Estaba colorada.“¿Qué pasa?”, le pregunté.
“Mmmmm, ¿por qué llevas un preservativo?”, me preguntó ella en voz baja.
“¿Y por qué no iba a llevarlo?”
“Pueeees.” Se detuvo y miró a su alrededor para ver si alguien nos estaba escuchando. “¿No se supone que los chicos son los que se encargan de eso?”
Aunque parezca mentira (la verdad es que no lo parece) ya había oído a muchas chicas jóvenes decir algo así. En el fondo, lo que piensan es más o menos lo siguiente, dicho sin tapujos:
“Si saco un preservativo, ¿no doy la impresión de ser una putilla?”
¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡NO! y ¡NO!
Llevando un preservativo “por si acaso” das la impresión de ser inteligente, precavida, responsable, segura y DUEÑA DE TI MISMA. Y si algún chico piensa que eres una putilla, quizá deberías plantearte en primer lugar si de verdad es el tipo de persona con la que quieres tener relaciones íntimas.
Así que os digo una cosa (quizá no con mucha diplomacia): dejar que la protección de tu cuerpo dependa de otra persona no es solo de tontos, ¡también es peligroso! Corres un montón de riesgos para la salud (quizá incluso riesgos que pongan en peligro tu vida).
¡Así que ve preparada y lleva esos preservativos con orgullo a todas partes!
Esto es un blog del invitado Carina Kolodny
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