A la hora de redactar mensajes adecuados sobre la prevención, uno nunca lo sabe todo. Las personas somos muy complejas y muy sorprendentes. Incluso cuando sabes todo lo que hay que saber sobre el VIH, acabas tomando decisiones que a menudo te sorprenden. ¿Por qué te acostaste con ese tío/tía sin protección? ¿Por qué lo volviste a hacer? Esas son las preguntas que nos atormentan una y otra vez, sobre todo mientras estamos en la sala de espera de una clínica esperando ansiosamente el resultado: negativo o positivo. Cuando te dan la “luz verde”, te juras que nunca jamás volverás a tener relaciones sexuales sin preservativo. Y al cabo de un par de meses, vas y lo haces otra vez a pesar de todo. Dios no lo quiera, cuando recibes el otro resultado, ese resultado tan temido, piensas que nunca podrás perdonarte haber sido tan estúpido.
La sabiduría convencional nos dice que cuando las personas sienten que están en peligro de infectarse con el VIH, son capaces de utilizar preservativos (o negociar su utilización) y los utilizan. Algunos dicen que la percepción del peligro es el quid de la cuestión. ¿Pero qué más da la percepción del peligro? ¿Qué pasa si en ese momento en lo único que puedes pensar son cosas como “para él/ella significa tanto que no utilicemos preservativo…”, “cuando tenemos relaciones sin protección nos sentimos más cerca uno del otro o más enamorados”? En ese momento nada importa más que la felicidad de tu pareja, la “intimidad”, la “confianza” que compartís. Y a partir de ahí es cuando se complica la cosa.

Como psicólogo, siempre me ha interesado cómo otras personas pueden influir en tus decisiones. El sexo es de dos, y por eso puede resultar difícil tomar decisiones uno solo. Por mucho que confíes en que controlas la situación, sospecho que siempre te influirá la otra persona (consciente o inconscientemente). Por eso nuestros mensajes tienen que pasar del plano personal al interpersonal. ¿Que cómo se hace? No tengo ni idea. Pero si tienes alguna sugerencia, bienvenida sea. Mientras tanto, voy a investigar cómo “la otra” persona influye en nuestras decisiones en situaciones arriesgadas. Ya te contaré lo que averiguo y cómo eso puede determinar nuestro planteamiento de la prevención y el tipo de negociación que deberíamos enseñar.
Pero entre tanto, lo mejor que puedes hacer para estar seguro es tener relaciones con alguien que también quiera estar seguro. Al menos así podéis influir el uno en el otro para hacer lo correcto.
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